martes, 29 de mayo de 2007

FRANCIA Y LA RENOVACIÓN DE LA IZQUIERDA EUROPEA

Juan Antonio Barrio. Diputado IS-PSOE. Revista El Siglo. Mayo 2007 El resultado de la primera vuelta de las elecciones francesas suscitó algunas malas interpretaciones. El trauma de 2002, cuando el candidato socialista Jospín, debido a la dispersión del voto de izquierda, no pasó a la segunda vuelta y sí lo hizo el ultraderechista Le Pen, pesaba mucho. En consecuencia, el voto de izquierda se concentró en Segolene Royal (25,87%). Este resultado, saludado como muy positivo, tuvo su contrapartida: por primera vez en más de treinta años el conjunto de la izquierda no pasó del 37% (y con una participación del 84%, mantenida en la segunda vuelta). Miterrand, en 1981, sacó un porcentaje similar pero entonces el PCF (Partido Comunista Francés) tenía el 16% de los votos y el conjunto de la izquierda el 45%.En la derecha, Sarkozy entró a saco en el electorado de Le Pen, con lo que sobrepasó el 31%. Si damos por hecho un apoyo muy mayoritario del resto de los votos de extrema derecha (más del 13% entre Le Pen y Philippe de VIlliers), Sarkozy contaba con un potencial cercano ya al 44%. Así las cosas, el 18,5% del centrista Bayrou resultaba decisivo. Aunque Bayrou afirmó que “no votaría a Sarzoky”, dos tercios de sus diputados se “hicieron la foto” a favor de Sarkozy; exactamente, ese porcentaje del voto centrista – 65/70% - (análisis posteriores parecen confirmar un reparto casi al 50% del electorado centrista) necesitaba Segolene Royal para triunfar. Era demasiado, como se ha demostrado. La creación de un partido bisagra denominado Movimiento Demócrata por parte de F. Bayrou puede resultar mas fallida de lo que esos 6,75 millones de votos pueden hacer creer. En el futuro inmediato serán importante unas elecciones legislativas que estarán bastante marcadas por la dinámica de la elección presidencial, aunque la amplia mayoría de la que dispone la derecha francesa permite pensar en una mejora de posiciones por parte de la izquierda. ¿Cual será el futuro de S. Royal? El resultado es algo mejor de lo que los mismos sondeos auguraban, quizás por un último reflejo de miedo ante la personalidad de Sarkozy y sus proyectos. Más allá de valoraciones sobre cada posición, de lo que no cabe duda es que Nicolas Sarzoky representa una ruptura considerable en la derecha francesa. Por ejemplo, en política exterior, ¿Habría tenido una actitud similar a la de Chirac de oposición a Bush en la invasión de Irak? Es claro que no. Respecto a Europa nada de Constitución (“hay que respetar lo que dijeron los franceses…”) sino un mero tratado funcionalista (puede que incorporando la parte I ) aprobable sin referéndum. Menos impuestos, menos estado, trabajar más, mano dura con los delincuentes reincidentes, test de integración para los emigrantes, Ministerio de la Identidad Nacional y la Inmigración y acabar con Mayo del 68. Es un proyecto nítido de de derechas “sin complejos” (¿les suena?). Claro que, comparado con alguno de nuestros derechistas, sus palabras de “reconocimiento” en el primer discurso presidencial hacia Segolene Royal y sus 17 millones de votantes sonaron casi balsámicos en nuestros oídos habituados al insulto sistemático. ¿Y la izquierda? ¿Hacia donde debe ir la necesaria renovación? Ante todo, decir que este no es, claro está, un problema solo francés. Ni siquiera europeo. Pero, a efectos de estos artículos, limitaremos el análisis a la izquierda europea. Veamos. Una primera solución drástica sería liquidar la izquierda tal y como la conocemos (el muro cayó y no sólo se llevó al comunismo por delante, sino también cualquier idea de socialismo. La clase obrera ha (casi) desaparecido, etc.). No es sólo teoría: en Italia la unión de la Margarita y los demócratas de Izquierda significa algo así, con profundas e inmediatas implicaciones, por ejemplo, con respecto a la laicidad cuya defensa bajara varios enteros en la nueva formación denominada Partido Demócrata, saludada aquí, de forma entusiasta por Maragall. Bayrou también va a formar su Movimiento Demócrata y ya ha hecho guiños a destacados militantes del Partido Socialista para unirse a él “y superar la política de bloques”. Pues bien: muchos otros piensan – pensamos – en Europa que otra izquierda es posible sin dejar de ser izquierda, sin sectarismos, sin renunciar a valores; hacia una democracia más participativa y deliberativa, con nuevos planteamientos económico-sociales, a favor de una solidaridad real más allá de cualquier “conservadurismo mas o menos compasivo”. Esa izquierda es necesaria y hasta urgente si queremos una dimensión social y política para Europa. ¿Es posible? Volveremos sobre ello. A mi juicio, caben tres actitudes-tipo, quizás con algunas tipologías intermedias. Veamos: Respuesta Uno: Yo la denominaría “El Alámo”, es decir, una actitud básicamente resistencialista: no hay que cambiar nada; si acaso falla la comunicación, o habrá que esperar a que empeore la situación económica para que haya una posición crítica de izquierdas que presione a favor de una respuesta “verdaderamente” de izquierdas, o bien el cambio climático, o bien la certeza de que la siguiente generación vivirá peor llevarán a “circunstancias objetivas” favorables a esa solución. Respuesta Dos: La que los comunistas denominarían “liquidacionista”, con diversas variantes. La base social de la izquierda habría cambiado decisivamente y la única manera de atraer al centro sería confundirse con él, o bien en un solo partido, (Partido Demócrata Italiano, resultante de la fusión de la Margarita y los Demócratas de Izquierda), o bien mediante una adecuada política de alianzas para formar gobierno, sea en posición de minoría mayoritaria (Austria) o, más difícil todavía, en posición gubernamental pero minoritaria como el SPD en Alemania o el partido socialdemócrata PVdA en Holanda. Respuesta Tres: Como suele suceder, me apunto a esta tercera respuesta. Que no “tercera vía”, aunque estoy de acuerdo con la idea de Giddens (“La década de Blair”, El País, 12-5-07) en el sentido de que “se trata de mover el centro hacia la izquierda” (y no al revés, \nañadiría). Ahora bien, ¿qué es la izquierda hoy en día? Muchas cosas, claro. Y sería absolutamente prepotente o absurdo intentar definir una cosa tan compleja de forma simplista. Pero, por lo menos, debería marcarse alguna línea roja." Primera línea roja: La política económica y social. No creo que pueda haber política de izquierda sin cuestionamiento de la estructura económica global: otra globalización económica tiene que ser posible para que “otro mundo” lo sea. Aunque el incremento de la Ayuda al Desarrollo es esencial, no es suficiente. La visión de la economía de mercado de izquierdas no puede ser indiferenciada de la de la derecha. Algunos apuntes en esa visión socioeconómica europea de izquierda: una economía basada en calidad de producto/servicio y no en bajos salarios. Economía de alto valor añadido basado en I+d+i y no en economía especulativa, por ejemplo los “hedge funds” (fondos especulativos o de alto riesgo) que solo persiguen el rendimiento a corto plazo (ver “Análisis crítico sobre los hedge funds” de la eurodiputada holandesa Ieke van den Burq y Paul Nyrup Rasmussen, danés, presidente del Partido Socialista Europeo). Un Estado con suficiencia fiscal, ingresos fiscales suficientes para ampliar derechos de ciudadanía y mantener el estado de bienestar. Unas empresas que, además opten por una responsabilidad social corporativa en cuanto a su principal actividad, incluyendo un desarrollo sostenible medioambientalmente y la participación de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones “más allá de las simples obligaciones de información y consulta”, como en la declaración conjunta recientemente firmada por el PS francés y el SPD alemán. El mismo informe aboga por la necesidad de que el BCE (Banco Central Europeo) tenga entre sus \nobjetivos “el crecimiento y el empleo”, no sólo la inflación. Segunda línea roja: No descartar política de alianzas hacia la izquierda. Por ejemplo, tanto en Alemania como en Holanda hay dos formaciones políticas a la izquierda de la social democracia tradicional. El SP en Holanda (secretario general: Marijnissen) y la Izquierda en Alemania (Oscar Lafontaine). En el primer caso, Holanda, la suma de los escaños de izquierda no proporciona mayoría, ni siquiera con los verdes. En Alemania, sin embargo, sí. Pero Oscar Lafontaine, viene de las filas del propio SPD, lo que hizo imposible el acuerdo. Pues bien: en mi opinión sería absolutamente imprescindible para las formaciones socialdemócratas tradicionales afirmar la posibilidad de una extensión de las alianzas hacia estas formaciones y los ecologistas. En caso contrario las posibilidades de crecimiento de estos partidos aumentarán (como ya ha ocurrido en Alemania en las recientes elecciones de Bremen) y las posibilidades de crisis por indiferenciación con la derecha y por “complicidad” con políticas de ajuste neoliberales aumentarán también correlativamente para el PvdA holandés y el SPD alemán." El Partido Socialista Obrero Español tiene una importante posibilidad de influir en este importantísimo debate al haber eludido hasta ahora muchos de estos errores. Pero será necesario un mayor liderazgo en Europa y una mayor formulación en positivo de los objetivos a medio y largo plazo.

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