lunes, 11 de junio de 2007

EL DEBATE DE LOS VALORES. LECCIONES DE LA EXPERIENCIA FRANCESA

Antonio García Santesmases Temas para el Debate Profesor de Filosofía Política Nº 151. Junio 2007 El debate de los valores irrumpió con fuerza en la campaña electoral francesa de la mano de la derecha representada por Sarkozy. La reafirmación de los valores del neoliberalismo, el neoconservadurismo y el neoimperialismo implícitos en el discurso de Sarkozy ha llevado a la derecha francesa a ganar las elecciones presidenciales, ante una izquierda poco armada ideológicamente, que no ha sabido articular un ideario solvente para conseguir aunar las demandas de las clases medias que defienden los valores postmaterialistas y de las clases trabajadoras que se mueven entre el miedo a la situación económica y la precariedad laboral y el deterioro de los servicios públicos.
Muchas son las reflexiones que se pueden generar a partir de los hechos vividos en Francia en las últimas semanas. Los datos que están en la mente de todos se pueden resumir de la siguiente manera: una altísima participación electoral; un debate en el que aparecen reflejados dos modelos de sociedad; una bipolarización entre derecha e izquierda; una derechización de la sociedad francesa; y, por último, una preocupación que ensombrece nuestro futuro: ¿lo ocurrido en Francia se puede dar en España?
Cuando el lector lea este artículo ya conoceremos los resultados de las elecciones municipales y tendremos más datos para poder evaluar y comparar unos y otros comicios. Escribo antes de conocer estos resultados y por ello me voy a centrar en analizar los contenidos del discurso de Sarkozy para plantear si es aplicable en España la estrategia que ha triunfado en Francia y para insinuar cómo debería ser la respuesta de la izquierda.
Sarkozy insiste en restaurar los valores del trabajo, del mérito, del esfuerzo, de la responsabilidad, del respeto a la autoridad, y en enterrar el espíritu del 68. Ese discurso va unido a una defensa de la identidad nacional, a una apuesta por una visión nueva de la laicidad y por una defensa sin complejos tanto de la historia nacional como de las raíces cristianas de Francia y de Europa. En política internacional defiende estrechar el vínculo con Estados Unidos, sostiene que la prioridad es mantener una buena relación con el Estado de Israel; por último su acercamiento a Europa incluye la negativa a la entrada de Turquía y una reformulación a la baja del tratado constitucional europeo.
Son muchos los elementos que aparecen en este discurso que comparte el Partido Popular en España, ya que casi todos los elementos pueden encajar en la combinación entre neoliberalismo, neoconservadurismo y neoimperialismo americano que caracteriza la ideología dominante en el mundo occidental en el momento actual.
Neoliberalismo y valores neoconservadores
Sarkozy aparece como neoliberal en la medida en que asume todas las tesis contrarias al modelo social francés. Es consciente de que este modelo está asociado a la identidad nacional y a los valores de la república, pero considera que conduce al inmovilismo, a la burocratización y al estancamiento económico. Siguiendo la fórmula neoliberal no oculta la crudeza de los problemas ante los que nos enfrentamos; los problemas son graves –nadie lo discute, dirá– pero lo que ya es indiscutible es la inviabilidad de las soluciones de izquierda. Su habilidad ha consistido en aparecer como el innovador como si no tuviera ninguna responsabilidad por el malestar, el estancamiento y la corrupción; como si no hubiera sido ministro los últimos años. Al oponer la innovación liberal al inmovilismo burocrático disfraza su propuesta como una propuesta rupturista con un modelo que ha llevado, a Francia al estancamiento por la política realizada durante treinta años.
Una política en la que habría coincido la derecha y la izquierda y no el hombre providencial que viene a rescatar a Francia de su declive.El segundo componente es el recurso a los valores neoconservadores de la familia, de la patria, del trabajo, de la autoridad, de la moral. Es importante resaltar que se vuelva a la idea de introducir los valores en el debate público. Recordemos que en este punto hay una gran coincidencia con el movimiento neoconservador norteamericano, que también apareció a finales de los años sesenta como una replica a los movimientos cívicos que habían cuestionado la participación en la guerra del Vietnam y que habían señalado el carácter autoritario de la familia, de la escuela, de la universidad y de la sociedad industrial avanzada.
Todos los que tenemos los mismos años que Sarkozy no vivimos ni el 68 francés, ni el español, ni el norteamericano, ni el mexicano. Pero es evidente que recordamos el influjo que tuvo lo ocurrido aquel año en las generaciones posteriores. El doble aldabonazo que supuso París y Praga, las matanzas en la plaza de las tres culturas en México y la crisis profunda de la sociedad norteamericana que tanto impresionó, por ejemplo, a José Luis Aranguren cuando se tuvo que refugiar en Estados Unidos al ser expulsado de la universidad franquista. Aquella era una contracultura libertaria que fue decisiva para cambiar el modelo de enseñanza, de familia, para cuestionar la política imperial y para incentivar el radicalismo de la clase media en pos de valores poseconomicistas.Estos son los valores que combate Sarkozy y de ahí su insistencia en denigrar la reducción de la jornada laboral a 35 horas.
Para la mentalidad mercantil es inconcebible pensar en un mundo donde cambie la relación entre el trabajo y el ocio como había defendido durante años André Gorz como saben muy bien los lectores de nuestra revista. No es que la izquierda no tenga valores como insisten los neoconservadores al hablar de una dictadura del relativismo (Ratzinger) o de un imperio del nihilismo (A.Glucksman). Claro que hay valores. El problema que muestran las elecciones francesas es que los valores de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad, tienen distintas lecturas. Que no cabe pensar en una lectura unívoca de los mismos y eso se ve al hablar del tercer elemento.
El neoliberal en lo económico y neoconservador en lo moral rompe con elementos esenciales de la tradición gaullista en política exterior. No es extraño por ello el apoyo de pensadores como Glucksman que llevan años abominando de la política exterior francesa y que piensan que es el momento de afianzar la relación con Estados Unidos y con el Estado de Israel. Para todos ellos es el momento de decir adiós de una vez por todas al sueño de una autonomía de la política exterior francesa que tuvo su momento de gloria en la reunión del Consejo de seguridad en el invierno del 2003 al liderar Francia el rechazo a la política norteamericana en Irak.Ante este panorama ¿qué puede hacer la izquierda? Los valores republicanos, laicos, socialistas, de Jaures a León Blum, están ahí, tienen una gran fuerza en la sociedad, pero no son mayoritarios porque sumando los votos de los conservadores, de los centristas, y de la ultraderecha hay una amplia mayoría frente a la suma de socialistas, comunistas, trosquistas y ecologistas.
¿Por qué es minoritaria la izquierda? Básicamente porque le cuesta aunar en una mayoría electoral a las clases medias que defienden los valores postmaterialistas y a las clases trabajadores que viven el miedo ante la situación económica, el miedo motivado por la precariedad de los empleos y el deterioro de los servicios públicos. Para los primeros es prioritaria la calidad de vida, el desarrollo sostenible y el cosmopolitismo, para los trabajadores es una realidad la incertidumbre, la inmovilidad y la constatación de que el ascensor social ha dejado de funcionar.El laboratorio francés nos debe ayudar a reflexionar. Estamos ante una sociedad que vive la política con pasión, que participa en los debates y que acude masivamente a las urnas. ¿Es trasladable lo ocurrido a España?
No cabe duda que los tres elementos del discurso victorioso son los que enarbola en España el Partido Popular. Sarkozy –el amigo de Aznar– aparece como un ejemplo a seguir. Los medios de comunicación más solventes de la derecha animan a Rajoy a que siga ese camino y se olvide de conspiraciones y de tramas. Que abandone la conspiración y se centre en la defensa de los valores y en la reafirmación de la identidad nacional. Si alguna lección hay que aprender es que si la derecha da esa batalla no se puede ir a ese combate electoral sin articular un relato que permita conjugar los elementos de un discurso alternativo. La izquierda española tiene que aunar todo lo realizado durante esta legislatura y articularlo en un discurso comprensible. La memoria histórica y la España plural, el matrimonio homosexual y la educación para la ciudadanía, la alianza de civilizaciones y la extensión de los derechos cívicos exigen un relato que integre estas decisiones en un marco global.
En un marco que muestre que no son decisiones arbitrarias ya que están fundadas en una manera de entender los valores de la libertad, de la igualdad y de la tolerancia.Nadie tiene el monopolio de la moral. Como las elecciones francesas muestran, hasta el neoliberal Sarkozy habla de fraternidad y a pesar de que nos parezca imposible conjuga su política económica con esa llamada tardía a la solidaridad, hay que reconocer que su proyecto ha triunfado. Aprendamos la lección y pensemos bien los valores que vamos a defender y los símbolos que vamos a utilizar para hacerlos creíbles.La izquierda española tiene que aprender de lo sucedido en Francia y ser consciente de que a una confrontación electoral hay que acudir con un discurso comprensible y bien argumentado tanto en el fondo como en la forma.

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