lunes, 16 de julio de 2007

La necesidad de una Asamblea Constituyente

Dos tazas o más de lo mismo José Cobos Ruiz de Adana

Catedrático Diario de Córdoba. 14/07/2007 Dentro de poco, la Conferencia Intergubernamental dará sus primeros pasos y hará los retoques para que los nuevos tratados acaben sustituyendo a la encallada Constitución europea. Para mí, pese a que el texto discutido por el Consejo Europeo se mantuvo a buen recaudo, considero su elaboración de forma muy poco transparente por quienes, habitualmente, así vienen trabajando en la sombra, no salvando estos sherpas de la política las grandes innovaciones que sí aportaba la vieja y no nacida Carta Magna. De cualquier forma, habría que manifestar con mucha claridad, con el fin de evitar el engaño a la ciudadanía, que el proyecto de texto discutido en junio por los 27 prebostes europeos en modo alguno representa al Tratado simplificado que tanto se nos anunciara a bombo y platillo. Porque, en realidad, no fue más que el obligado mandato a esta Conferencia Intergubernamental que ahora habrá de reunirse, el próximo 23 de julio, para redactar un nuevo Tratado.
Con dicho planteamiento político, está claro que los diferentes pueblos de Europa se mantienen alejados a la hora de la elaboración del nuevo texto, manteniéndose como usual un método que viene paralizando al Viejo Continente. Porque, si fue ineficaz con 15 o bien con 25 miembros, más lo será aún con los 27 actuales, ya que el debate no pocas veces se organiza en función de las diferentes posiciones antagónicas de carácter nacional, y no como el cauce que habría de servir para buscar el interés general de los pueblos de Europa. Sin duda, el propio mandato dado ahora en unas 14 páginas a la CIG constituye un texto de lo más opaco dentro de la historia de la Unión, ya que ni tan siquiera cita por su número el articulado de la embarrancada Constitución, que ahora pretenden reformular muy a la baja y con un alto grado de ocultamiento para todos. Para empezar, lo primero que habría que manifestar es que cuanto acordaran el mes pasado los jefes de Estado y de Gobierno fue un mero compromiso político, muy similar al que ya adoptaran en el año 2004. Por otra parte, se vislumbra que el nuevo Tratado no va a implicar modificación alguna en el plano del funcionamiento democrático de la Unión.
Muchos de los avances que se mantienen lo hacen por la puerta falsa, si bien se rescatan partes de lo esencial, manteniéndose las competencias en política exterior y en el espacio de justicia y seguridad. Porque está claro que el texto discutido en el pasado Consejo no cambia nada del contenido de las políticas económicas y sociales, si bien no nos ofrece nada nuevo para actuar a favor de la armonización social y fiscal por arriba, mostrándonos de esa manera la UE sus propias carencias en materias de justicia y de políticas sociales. Además, el Banco Central habrá de permanecer como un organismo independiente del poder político, conservando la Comisión su actual monopolio de iniciativa, con un refuerzo del papel de su presidente, algo que, por el contrario, no se observa en el caso del Parlamento, que a todas luces parece quedaría como una institución subordinada.
A pesar de que se otorgan nuevos poderes para el alto representante de la Unión y de que se ofrezca un amplio servicio diplomático común, que no único, sí se puede vislumbrar una falta de poder real en la política exterior común europea, ya que ésta se verá continuamente sometida a los imperativos de seguridad militar de la potencia imperial mundial. La UE continuará, por tanto, sin contar con los adecuados medios para llevar a cabo una política de acción por la paz. Todo cuanto acaece nos pone en evidencia la carencia de principios democráticos que hoy se observan en este Viejo Continente. El método propuesto no debería ser aceptable para sus diferentes pueblos, entre otras razones por conllevar una tentativa de engaño para con sus ciudadanos. Por ello, considero que tardará mucho para que se abra un auténtico período constituyente en Europa. Mientras éste llega o no, la Iniciativa por una Asamblea Constituyente nos vuelve a reiterar su petición de que una nueva Constitución de la UE organice los poderes de la manera más democrática posible y que la Carta Magna de los europeos pueda ser elaborada por una Asamblea Constituyente.
Esto es lo que se vuelve a proponer por parte de políticos muy significados como Oskar Lafontaine , Jean-Luc Melenchon , Fabio Amato , François Delapierre , Diether Dehm , Michael Efler , Raquel Garrido , Ricardo Petrella ,Thomas Wallgren , Henri Wehenkel , Erik Wesselius o bien el valenciano Vicent Garcés , portavoz de IS-PSOE, quienes, en cuanto primeros firmantes, no desean un retorno a los antidemocráticos métodos de trabajo que se dan de espaldas al pueblo. Esperamos que con el nuevo Eje París, Berlín, Amsterdam, Bruselas, Helsinki, Luxemburgo, Madrid y Roma se pueda abrir una brecha entre la opinión pública europea, con el fin de que se pueda obligar a cambiar el rumbo emprendido por los nuevos mandatarios, ya que lo que no debería ser, de ninguna manera, es que si no nos gusta el café sólo, se nos acabe obligando a que tomemos un par de tazas.

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