jueves, 19 de julio de 2007

Con aplomo
Luis Daniel Izpizua
El País. Ed. País Vasco
Sin ser la única, destacaría una virtud sobresaliente en el reciente, y ya famoso, artículo de Josu Jon Imaz, "No imponer, no impedir". Entre las argumentaciones y contrargumentaciones de los recientes años en torno al horizonte de lo posible en la política vasca, nos hemos solido mover en el interior de un círculo vicioso que no hemos sabido romper, y creo que el artículo de Imaz da un paso decisivo para que podamos salir de él. Naturalmente, el círculo inextricable era de patente nacionalista, aunque nos afectara a todos, y poca mella hacían en él las advertencias exógenas, de ahí que el hecho de que sea el presidente del principal partido nacionalista el que nos lo desenrolle tenga una importancia fundamental. Las reacciones que el artículo ha provocado en el mundo nacionalista insisten precisamente, y de forma muy acentuada, en su incidencia sobre la autonomía casi solipsista de ese círculo, del que se han alimentado hasta ahora, como argumentario y como motor estratégico, todos ellos y algún sobrevenido, cuya preciosa ayuda en la tarea no conviene olvidar.

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