miércoles, 5 de septiembre de 2007

La vivienda y el ciclo económico
IS-Euskadi. -Que lo ocurrido en España a lo largo de las últimas décadas del siglo pasado y los primeros años de este no es algo normal, lo saben hasta los estudiantes de primero de economía en su segundo día de clase. Lo sabe hasta el frutero del barrio y la conductora del autobús que cada día nos lleva hasta el trabajo.
Se han vivido en este país situaciones verdaderamente escandalosas, siendo una de las etapas más memorables, aunque no la única a decir verdad, la vivida en la decada que transcurre entre 1996 y 2005. Unos años en que el supuesto liberalismo económico, en realidad "intervencionismo en favor de mis amigos", convirtió el suelo y los permisos de obra en una mercancía tan preciada y traficada como la propia droga. Una etapa, gobernada en el ámbito nacional por el Partido Popular, en la que determinados empresarios del sector eran conscientes de que cualquier cosa con aspecto de paredes con tejado y puertas se compraba antes de que los planos estuvieran dibujados.
Algunos recordamos todavía las palabras del entonces ministro Alvarez Cascos "si se venden las viviendas, es por que los españoles las pueden pagar". Desafortunado intento de mostrar cuál era la política que el PP reservaba al Estado como garante del derecho a una vivienda.
Zapatero, que se presentó a las elecciones asegurando lo que, entonces, nadie creía, como era la moderación en la subida de los precios de las viviendas libres y la construcción de un número suficiente de vivienda de promoción pública, lo está consiguiendo. Las viviendas han dejado de crecer al 19, 20 o 21% anual, como lo hacían en la etapa Rato-Aznar y ahora suben en el entorno del IPC, algo completamente normal.
El Sr. Rajoy, en lugar de aceptar que se está más cerca que antes (aunque lejos todavía) de poder garantizar el acceso a una vivienda a los jóvenes, a las familias y a los nuevos ciudadanos procedentes de la inmigración, en lugar de eso, digo, se recrea en hablar del fracaso económico del gobierno, del aumento del desempleo en agosto y de lo necesarias que eran las reformas económicas que, según la derecha, este gobierno no ha emprendido.
Pues bien. Hemos de reconocer que la economía parece estar desacelerandose. Esto no es más que la demostración de lo que la ciudadanía de izquierdas ya sabía: el ciclo capitalista tiene momentos de gran castigo para los trabajadores. No existe el crecimiento y la bonanza infinita. Los excesos y la falta de regulación en este sistema se pagan.
Mientras la construcción crecía como un cáncer, es decir, sin control económico, ni jurídico, ni ecológico, de manera desmesurada y con grave riesgo para el cuerpo social y económico, apoyándose en un dinero "barato" de las hipoteca¨s; los empresarios y promotores, muchos de ellos verdaderos depredadores del territorio con la connivencia de un buen número de políticos corruptos, fundamentalmente del entorno de la derecha nacional y nacionalista, hacían un interminable agosto, que manejaba ingentes cantidades de dinero, mucho del cual, desde su caja B, ha financiado vaya usted a saber qué actividades o proyectos políticos.
Ahora que Zapatero parece haber hecho suyas las riendas de este caballo desbocado, la estampida recién frenada deja una enorme polvareda, que comienza a asentarse. Pronto seremos conscientes de los últimos diez años de tropelías en la costa valenciana, en la costa del sol y en muchas otras partes de nuestro territorio. Algunos ya están en la cárcel, otros lo estarán. Y, mientras tanto, el Sr. Rajoy, que no se entera de nada (ni tan siquiera de cómo le mueven la silla en su partido) tampoco se entera de esto. No estamos tanto en el inicio de una recesión, poco probable, aunque posible en el capitalismo en que vivimos, sino en el fin de un ciclo de abuso urbanístico, apoyado en dinero barato, que debe transformarse, como siempre defendió el presidente, en mayor inversión en la industria y en el I+D+i.
Estas son las bases de la economía de un país moderno y con futuro. No los ladrillos oscuros de Paco el Pozero o de los alcaldes de derechas de la sierra de Madrid, la Costa del Sol, Orihuela o Torrevieja.
Mención aparte merecen los trabajadores, paganos como siempre, pero en este caso por partida doble: pagan con su hipoteca y con su empleo. Solo cabe desear que la desaceleración no sea frenazo, sino aterrizaje suave, como defiende el gobierno, y el mercado laboral no se resienta. Si fuera así: más políticas sociales y menos liberalismo. Porque en este gobierno, no lo olvidemos, también hay quien ha bebido de las fuentes más puras de la ortodoxia capitalista.
Al PP, más decendia, que de este incendio ellos han sido pirómanos. Más izquierda y menos derecha, en esto también.

No hay comentarios: