lunes, 1 de octubre de 2007

La consulta y el país: cuando los extremos buscan el protagonismo

Pasado el primer momento de impacto ante algo tan tangible como una fecha concreta, hay que reconocer que la consulta de "Ibarretxe II, tenemos un plan" y su convocatoria merecen que reflexionemos con tranquilidad y mesura. Para extremos ya tenemos al PNV-Gobierno Vasco y al PP.
Un compañero de corriente definía la situación creada con la peculiar convocatoria, en un correo electrónico, como de "volatilidad" política. Y parece una definición acertada, ateniéndonos a su sentido económico, cuando se define la situación de la economía, y más frecuentemente de la bolsa, como volátil. Con este término se quiere reflejar esa ocasión en que todo puede pasar: grandes ganancias o terribles pérdidas. O ambas cosas a un tiempo.
Podríamos decir que esa es la Euskadi que se vislumbra en el horizonte. Una Euskadi en la que a lo mejor crecen la madurez y la independencia políticas y la ciudadanía decide huir electoralmente de extremos. Ese escenario sería bueno para un PSE-EE con perfil izquierdista en sus postulados sociales, gracias a la labor de Zapatero en Madrid, y centrado en el eje nacionalismo vasco-nacionalismo español, gracias en este caso al liderazgo de López.
Pero, al mismo tiempo, y a lo peor, nos encontramos con un país bajo la amenaza de ETA, atenuada por la excelente labor del estado, pero bajo la presión de participar en una consulta que pivota entre lo ilegal y lo insustancial. Tiempos nada propicios para el crecimiento de la economía, la estabilidad en el empleo, las propuestas sociales...todo fagocitado bajo el enorme monstruo del "derecho a decidir" como monotema y como totalidad de lo político, mientras la Euskadi real camina en la cuesta abajo de la atención a la ciudadanía: calidad en el empleo o en la sanidad, igualdad de oportunidades, atención a la dependencia, violencia machista, pluralidad en los medios de comunicación públicos, transporte en las ciudades, etc, etc.
Hay una Euskadi distinta. Dispuesta a que la consulten sobre si quiere centrarse en lo importante o perderse en diatribas absolutamente accesorias, como la propuesta por el Lehendakari. Por cierto, de nota la actitud del presidente Zapatero. Sin aspavientos. Sin insultos. Con corrección, pero contundentemente democrático: "le escucharé, pero el me tendrá que oir". O "Ibarretxe se ha equivocado de siglo y de continente con su propuesta".
Lo dicho, mesura, que también parece haberla mostrado López en sus primeras reacciones. Tranquilidad, pero firmeza democrática. Política de la buena, de la de dialogar y ser pacientes, aunque en ocasiones la inmadurez y la falta de "altura de miras" hacen que la paciencia se agote.

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