miércoles, 7 de noviembre de 2007

11-M: una sentencia de "verdad"

IS-Euskadi

Pasados los días, cuando ya todo el mundo ha comentado la sentencia del 11-M llega, quizá, el momento de una reflexión sosegada sobre todo lo ocurrido alrededor de este asunto en los último 3 años y 7 meses.
Ha pasado todo este tiempo y el surrealismo ha formado parte de nuestros desayunos cada mañana. Las "informaciones" de algunos medios, esos mismos que reclaman respeto para las víctimas del terrorismo, han sido tan delirantes e irrespetuosas con las víctimas, la ciudadanía en general, el estado de derecho y la salud mental de este País, que en ocasiones nos hemos encontrado defendiendo lo obvio.
Y frente a lo obvio, lo que resulta miserable siquiera sugerir, pero se ha sugerido: que si Zapatero ganó por el 11-M, que si casi se le puede considerar el inductor intelectual de todo el montaje asesino, que si una tarjeta de gráficas bilbainas (empresa madrileña de artes gráficas con ese nombre) relacionaba la furgoneta de los yihadistas con ETA, que si el suicidio de leganés fue un crimen de estado...en fin, patrañas psicopáticas que se han publicado sin que en este País (bendita libertad de expresión invocada) nadie vaya a la cárcel por difamación y calumnias.
Persecución a la asociación de víctimas del 11-M (ni subvenciones de la Comunidad de Madrid ni reconocimiento moral de su representatividad). En fin, el Partido Popular comportándose como la Batasuna de la peor versión: negando lo evidente y culpando a los demás de sus propias responsabilidades.
Y todo tiene su origen en una estrategia electoral rastrera y equivocada: la que les llevó a pensar (qué negra sentían su conciencia) que la ciudadanía relacionaría inmediatamente un crimen yihadista con los afanes aznaristas de buscar nuestro "lugar en el mundo" de la mano de Bush en las Azores y de sus marines en Irak.
Pues bien. Pasado el tiempo, los máximos especialistas, incluido el CNI, al que nadie en el PP ni en aquel gobierno prestó atención sobre el riesgo del yihadismo radical para nuestro Estado, invocan la ausencia de relación directa entre la guerra ilegal y el ataque terrorista. El riesgo era previo y existía antes de tomar la decisión ilegal de formar parte de la fuerza de ocupación en el país pérsico.
Fue su mala conciencia, la opinión mayoritaria en el PP, incluso en aquel gobierno, de que la guerra no era una buena idea. Que no se contaba con el placet de la ONU. Que era algo unilateral, que obedecía más a motivos internos estadounidenses que a una verdadera necesidad de actuación militar. Que las armas no existían, como lo habían certificado los enviados de la ONU. Que todo era una enorme patraña para que Aznar pudiera seguir cultivando su ego con acento texano (estamos trabajando en ello).
Con lo sencillo, y triste, que hubiera resultado reconocer que habíamos sufrido un ataque yihadista: el peor atentado en la historia de la Europa occidental. Como consecuencia de un error (no la guerra de Irak, que era una guerra errónea e ilegal por sí misma), sino por hacer oidos sordos a Dezcallar y su gente de la inteligencia española que había advertido con fuerza del riesgo extremo de atentado ultramusulmán en nuestro suelo. Ese fue el error. El verdadero error.
De la misma forma que el verdadero error para esa misma inteligencia española (CNI) fue dejar a los piés de los caballos a nuestros agentes en el Magreb, en todo oriente próximo y el mundo árabe y África: nuestros agentes dejaron de ser vistos como empresarios o diplomáticos amigos, de un País amigo y a partir de ahí se rompió la red más extensa y mejor informada del mundo sobre estos países. Un CNI que era la principal fuente de los organismo occidentales. Incluso de otras agencias.
Todo al garete. Una inteligencia desmontada. Una guerra ilegal en pleno apogeo y un atentado asesino, criminal y dolorosísimo en nuestro territorio. Ese es el legado del peor presidente que España ha tenido en esta nueva etapa de reforma democrática. Y ahora escribe cartas a los jóvenes. Que se retire. Que se lleve a sus más fieles lacayos (Zaplana, Acabes y Rajoy, el verdadero trío de las Azores) y que permita que España honre la memoria de las víctimas del 11-M con un bien supremo como es la verdad.

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